Reseña en Revista Guay de “Eva y las mujeres: historia de una irreverencia”, de Julia Rosemberg

“Eva entendía que la violencia de clase es doble cuando se es mujer”.

Por Eva Demarchi y Pilar Medina

¿Por qué nos cuesta tanto habitar las contradicciones? ¿Por qué nos niegan / negamos esta posibilidad? En los últimos años, el macrismo y la nueva ola feminista nos obligan tanto a repensar un accionar social que deje de lado el afán por la perfección, como a revisar nuestras conquistas pasadas y futuras. Este contexto impulsa al paradigma historiográfico a construir conocimiento situado, en relación a nuestras necesidades, que olvide su obsesión por los relatos libres de complejidad, cerrados y redondos. Una historia que abarque las complejidades y les dé un sentido práctico, permitiendo múltiples apropiaciones y resignificaciones. Entonces, ¿cómo conciliar eso que fuimos / somos con eso que buscamos ser? ¿Cómo rescatar a una Eva que dice de las feministas “Parecían estar dominadas por el despecho de no haber nacido hombres, más que por el orgullo de ser mujeres” (La razón de mi vida)? Pero sobre todo ¿Para qué?

Julia Rosemberg busca volver a esas incomodidades que se creyeron inaprensibles desde la disciplina histórica tradicional por no entrar en los cánones de lo conocido. Vemos en Eva múltiples formas de romper mandatos, de disputar poder, de inspirar pasiones y junto a ella vemos a las mujeres irrumpiendo en la escena pública y política. La impureza de la figura de Evita no hace más que seguir proponiendo desafíos. En este sentido, ¿cómo saldar el silencio historiográfico y, sobre todo, la construcción de un discurso simplista que muestra a Eva como la prolongación del estereotipo patriarcal? ¿Cómo establecer un vínculo entre el peronismo y la lucha por la igualdad de las mujeres a través de la figura de Eva? O, lo que es más difícil, ¿cómo hacer para que estas revisiones y reflexiones circulen socialmente?

Este libro busca reparar esas omisiones que desde los discursos históricos y políticos hegemónicos se impregnaron en la conciencia histórica colectiva. Es por esto que nos puede sorprender leer que el número de legisladoras del congreso en 1955, recién se superó en 1999 y sólo gracias a la ley de cupo. Se vuelve indispensable, y hasta urgente, el estudio de Rosemberg si queremos seguir avanzando en las discusiones y la construcción de derechos. En definitiva, la irrupción en el 2019 de una investigación que revisa el liderazgo político de Eva, recobra utilidad en un contexto de masificación de la discusión sobre el rol social y político de las mujeres. Eva, entendida desde la creación del Partido Peronista Femenino y su casi candidatura a la vicepresidencia, desde su militancia y su propia historia como mujer trabajadora o desde el arduo trabajo por la democratización del bienestar, es una inspiración. Y si hablamos de un movimiento político de masas como es el peronismo, es inseparable esta relectura de Eva, de la organización y movilización que tuvieron las mujeres a su alrededor. Eva no sería Evita sin Delia Parodi, sin las censistas, sin las obreras que lucharon porque se las reconozca como sujetas políticas. Esto supuso la disputa de un lugar tradicionalmente reservado para los hombres. Esa lucha por el poder simbólico que fue clave en la retórica peronista en relación a la clase alta, Eva la extiende a la dimensión de género. Otra vez, y adelantándose a su época, entendía que la opresión de clase es doble cuando se es mujer. Tal como hace Rosemberg, queremos devolverle la voz: “Y si al hombre se le impidió el goce total de la vida ciudadana, a la mujer laboriosa como él, más negada que él y más escarnecida que los hombres, se le negó también y en mayor proporción el derecho a rebelarse, a asociarse y defenderse.” (discurso del 23 de febrero de 1951; citado del libro compilado en 2009 por Aníbal Fernández y Carlos Caramelo, Eva Perón, discursos completos.)

Llama la atención pensar que para la oposición, el hecho de que la misión de Eva fuera encender pasiones era algo negativo. Su persona resume en gran medida la falta de tibieza y la polaridad histórica que signó el siglo XX. De nuevo, es fácil reconocer que para las ciencias sociales positivistas y obsesionadas con la objetividad, una figura pasional es como mínimo problemática. Para una Historia que acostumbra a hablar de los grandes Hombres, una figura que no se cierra en una sola categoría es incomprensible. Esto es lo que pasa cuando el pueblo irrumpe como sujeto y no como objeto. No podemos aprehender la amplitud y complejidad de “lo impuro” en estructuras analíticas construidas para “lo puro”. Lejos de ver estas complejidades como debilidad, Rosemberg las presenta como fortaleza. Son las “múltiples caras” de Eva las que le dan esa fuerza singular y es a través de ellas que el libro logra apelar a nuestras subjetividades. Eva es odiada o amada por las mismas razones: romper con los mandatos que les eran impuestos. Una mujer pobre que, además de cumplir sus sueños de ser actriz, se convierte en líder política. Despierta pasiones, lleva lo sentimental-“lo femenino”-, a la política-“lo masculino”-. Ensucia la imagen limpia e inmutable de la primera dama ¿Cómo puede la academia eludir las pasiones si son lo que convierte este proceso en algo tan disruptivo?

Julia Rosemberg señala que es necesario abarcar 1955 en el relato propuesto en su libro porque este momento signa las representaciones que se hicieron de la figura de Eva. Necesitamos revisar este hecho muchas veces ignorado, que buscó truncar un proceso histórico implantando nuevos simbolismos y representaciones identitarias, para encontrar las respuestas a nuestra pregunta anterior. La importancia que se le da a este golpe de Estado, no sólo marca el quiebre en los imaginarios de la sociedad, sino que también reafirma la idea que se plantea desde el comienzo: Eva trasciende a su persona. Su impronta se proyecta en el movimiento de mujeres que supo organizarse a su alrededor.

Nuevamente replicando una operación que la autora de este libro elige para recuperar voces silenciadas y marginadas de la historia, nos gustaría hacer mención a una cita que aparece en el último capítulo. Reyna Diez, un símbolo de la lucha por la igualdad, la inclusión en la política y la disputa de poder de las mujeres, decana de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la UNLP entre 1973 y 1974, dijo que la proyección de Eva es indiscutible, que se incorpora como mito en las nuevas generaciones, en sectores con formaciones varias pero con un mismo enemigo. Esto nos hace pensar dos cosas, por un lado que Eva abre un proceso inagotable, que su figura se recupera en distintos presentes y no podemos evitar querer enmarcarnos en una línea histórica que empieza con ella y recorre infinidad de figuras y de luchas resignificadas. Por el otro, vemos que el mito construido alrededor de Eva no es solamente el negativo, el que busca callar lo rupturista de sus ideales y sus prácticas; sino que también existe una leyenda en positivo, una que ella misma construye, que se alimenta desde el lugar de santa, de guía espiritual después de su muerte y, sobretodo, con la resistencia a partir de 1955.

Rosemberg tiene la difícil tarea de revisar estas construcciones discursivas desde lo empírico, desde la disciplina histórica, sin romper la mística, la pasión y, hasta nos atrevemos a decir, el fanatismo que lleva a la lucha, a la organización, a la reivindicación. Entendemos que este es el rol de cualquier investigador consciente de sus responsabilidades, desarmar y rearmar mitos, convertirlos en herramientas para un presente y un futuro. ¿Nos sirve el mito de Santa Evita o nos es más útil resaltar a Eva líder política? Lejos de presentar estas caras como contrapuestas, la reconstrucción de esta autora nos posibilita elegir nuestra propia Evita. Recuperando voces y lectores el libro logra una tarea que quieren presentarnos como imposible: comulgar la “tan anhelada” cientificidad con la divulgación, sin dejar de lado la épica. Queda abierta la inquietud acerca de las características de la circulación social del conocimiento histórico, o de cualquier tipo de conocimiento.

La sensación que deja este libro es la de pensar las contradicciones como algo positivo, recuperar lo incómodo como una posibilidad. Como aquello que motiva e impulsa el cambio porque inspira, cuestiona y no permite que nos quedemos quietas. No podemos seguir pretendiendo explicar todo acabadamente, sin dudar, sin arrepentirnos. Como práctica histórica, supone una visión crítica que a la vez construye sentidos válidos para pensar el presente. Como propuesta historiográfica, pretende no olvidar que el pasado sigue abierto y que es urgente seguir pensándolo y construyéndolo. Como lectura para salvarnos de la cuarentena o de lo que sea que nos espera, es un relato amoroso y cautivante de la vida extraordinaria de una mujer que transformó y se nutrió de muchas vidas más.

El libro está a la venta únicamente en tienda.futurock.fm

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