| 1 cuota de $30.600,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $30.600,00 |
| 2 cuotas de $18.281,97 | Total $36.563,94 | |
| 3 cuotas de $12.693,90 | Total $38.081,70 | |
| 6 cuotas de $7.237,41 | Total $43.424,46 | |
| 9 cuotas de $5.382,20 | Total $48.439,80 | |
| 12 cuotas de $4.528,80 | Total $54.345,60 |
| 1 cuota de $30.600,00 sin interés | CFT: 0,00% | TEA: 0,00% | Total $30.600,00 |
| 6 cuotas de $6.020,55 | Total $36.123,30 | |
| 9 cuotas de $4.411,84 | Total $39.706,56 | |
| 12 cuotas de $3.576,12 | Total $42.913,44 | |
| 18 cuotas de $2.780,01 | Total $50.040,18 |
| 3 cuotas de $10.979,28 | Total $32.937,84 | |
| 3 cuotas de $11.204,70 | Total $33.614,10 | |
| 6 cuotas de $5.808,39 | Total $34.850,34 |
| 1 cuota de $33.614,10 | Total $33.614,10 |
| 3 cuotas de $12.487,86 | Total $37.463,58 | |
| 6 cuotas de $7.070,13 | Total $42.420,78 | |
| 9 cuotas de $5.409,74 | Total $48.687,66 | |
| 12 cuotas de $4.552,77 | Total $54.633,24 |
Tatiana Carsen Mela Bosch
Biblioclastía en el siglo XXI
Grupo Editorial Sur
Páginas: 296
Formato:
Peso: 0.4 kgs.
ISBN: 9789878955650
¿Qué se pierde cuando desaparecen libros, catálogos, archivos, bibliotecas?¿Quién pierde cuando el conocimiento se vuelve inaccesible? Este libro propone detenerse en esas preguntas desde una noción clave: la biblioclastia, entendida como el conjunto de prácticas que dañan, borran o restringen el acceso al saber. A lo largo de estas páginas, Mela Bosch (lingüista) y Tatiana Carsen (bibliotecaria) recorren episodios históricos y contemporáneos en Argentina y en otros contextos para mostrar que la destrucción del conocimiento nunca es neutral. Desde un diálogo entre distintas disciplinas, el libro pone en evidencia cómo estas acciones afectan a personas, comunidades y formas enteras de pensar el mundo. Lejos de una defensa romántica del libro como objeto, esta investigación invita a mirar de frente prácticas que muchas veces pasan desapercibidas. Porque la biblioclastia no es solo algo que "les pasa a otros": nos involucra como lectores, docentes, estudiantes, trabajadores de la cultura o simples usuarios de información. Pensar el acceso al conocimiento como un derecho también implica asumir esa responsabilidad.
